Papúa 2013

Me cuesta mucho expresar todo lo vivido en mi reciente viaje a Indonesia. Ha sido una experiencia tan intensa, que se me hace muy difícil resumirla en un post, pero lo intentaremos. En la primera parte del viaje, nos dedicamos a recorrer andando el valle de Baliem, en Papúa. Llegar hasta allí requiere paciencia. Las infraestructuras son malas, los vuelos salen cuando pueden y, además del visado indonesio, es necesario contar con el “surat jalan”, un permiso especial de la policía que se debe gestionar al llegar para poder moverse por Papúa.

Durante nuestro recorrido a pie por el valle, saludamos a los “danis”, la tribu que habita esa zona, cuya vestimenta masculina suele consistir en una característica funda de calabaza para el pene, atada con un pequeño cordel a la cintura, y una corona de plumas de casuario en la cabeza. En el caso de las mujeres, llevan una falda de paja si son solteras, y una semana antes de la boda se les realiza una falda a medida con cuerdas horizontales que se unen por debajo del trasero y que es la que llevarán durante su vida de casadas.

Allí aprendimos que los hombres pueden tener tantas esposas como puedan pagar. Se establece una dote estándar de 5 cerdos por cada esposa, que el novio debe entregar a los padres de la novia. Ellas, por el contrario, no pueden estar con más de un hombre. Tienen que esperar a ser elegidas. El divorcio está aceptado, la única condición es que en ese caso, se tienen que devolver los cerdos que se han utilizado como pago. Lo curioso es que los hombres y las mujeres, siempre duermen separados, sean matrimonio o no. Los danis viven en casas comunales, suele haber tres construcciones en cada poblado, tengan 10 habitantes o 200. La casa de las mujeres, la de los hombres y la cocina, en donde se reúne la aldea.

¿Y el sexo? Cada marido debe explicar durante la cena si desea hacer el amor esa noche y cuál va a ser la esposa elegida. Así que el jefe establece un horario nocturno en el que el esposo acude a la casa comunal de las mujeres, avisa a la esposa correspondiente de que les ha tocado su turno, y se colocan en la parte de abajo, mientras el resto de mujeres y niños duermen en el altillo. Una vez finalizado el acto, cada uno se vuelve a su zona y a dormir separados, como cada día.

Cuando  muere un familiar, los danis se cortan un dedo a la altura del nudillo en señal de luto. Es una costumbre que el gobierno indonesio prohíbe de manera estricta, pero los poblados remotos en realidad, se rigen por sus propias leyes. En esta aldea, algunas de las mujeres que nos saludaban apenas conservaban tres o cuatro dedos. También es costumbre cortarse la parte superior de la oreja por el mismo motivo, la muerte de un familiar.

Antes de visitar estos poblados, Raúl y yo nos esforzamos en aprender algunas canciones tradicionales de la zona. Y fue maravilloso ver como su mirada de desconfianza se transformaba en una sonrisa cuando nos oían cantar. Terminamos compartiendo risas, juegos y comida con cada lugareño. Los niños nos enseñaron su juego favorito, intentar encestar una jabalina en un aro de paja que se lanzaba al aire. Perdimos en todos los juegos, pero ganamos algo indescriptible, la experiencia compartida.

Este es un pequeño resumen de nuestros días en Papúa.

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