Wat Rong Khun en Tailandia

Me había habituado al naranja de las túnicas que llevaban los monjes, al dorado abundante de las figuras de Buda, a la explosión de colores que decoran las calles tailandesas cuando vi una foto que me sacó de tanto color.  Wat Rong Khun, el templo blanco de Chiang Rai. Un templo que no se parece a ningún otro templo de Tailandia. Un templo que mezcla cabezas colgando con paz espiritual. Tan bizarro como espectacular. Tenía que ir a verlo.

Y ahí estaba, observando los miles de detalles del edificio. Si explico que hay calaveras, manos desgarradas y botellas de whisky en los alrededores, puede parecer que sea la descripción de un lugar tétrico. Sin embargo, aunque esa decoración es real y forma parte de la obra, la sensación no es tan lúgubre como puede deducirse. En realidad transmite paz. El templo se refleja en el estanque y por un momento me siento como si me hubiera sentado entre las nubes.

Espero a que desaparezcan varias decenas de viajeros en grupo que embotellan la entrada. No tengo prisa, prefiero esperar a verlo sin empujones. Cuando ya no hay nadie, cruzo el puente de acceso. Observo las manos desesperadas que salen esculpidas del suelo, los demonios amenazantes que flanquean la entrada y me descalzo para entrar al interior.

Esto sí que es surrealista. Vuelve el color a unas paredes que aún no están terminadas. Hay andamios y dibujos a medio hacer. En la parte más completa se pueden ver imágenes de Michael Jackson, Superman, Matrix, la explosión de las Torres Gemelas o los Angry Birds. Hay elementos de cine, videojuegos y críticas al sistema capitalista junto a flores, velas y figuras de Buda. Y es que en realidad es eso, un templo. Los monjes acuden aquí, los budistas rezan y dejan sus ofrendas, y lo hacen rodeados de unas paredes que mezclan surtidores de gasolina con zapatillas Converse o el gato Doraemon.

Salgo del templo pero no de mi asombro. Me dirijo a un pomposo edificio dorado, parecido a un palacio real, también diseñado por Chalermchai Kositpipat, el creador de esta singular obra arquitectónica. El lujoso palacete resulta ser el servicio. Vale la pena entrar aunque no haya necesidad de utilizarlo, solo por ver el arte llevado hasta el inodoro.

El templo blanco de Chiang Rai se ha convertido en uno de los principales atractivos turísticos de la zona. Algunos lo consideran una joya de la arquitectura, otros aseguran que es una horterada. A mí, sinceramente, me encantó verlo.

¿Cómo llegar?

La opción más económica es  subir a un songtheo regular,  las populares furgonetas abiertas por la parte trasera con asientos laterales para llevar pasajeros. En este caso, nos dirigiremos al mercado de comida de Chiang Rai, en la entrada de la calle Uttarakit. Hay una pequeña estación algo caótica con songtheos a todas direcciones. Los que van hacia Pha Yao paran en el templo blanco. Yo llevaba una foto impresa y así iba preguntando dónde debía subir.

El trayecto cuesta 20 baths, unos 0’40 euros. Los taxistas puede que te digan que es mala idea coger el songtheo regular, que las frecuencias son escasas y que te deja muy lejos del templo. Bien, es su manera de conseguir clientes. En mi caso no esperé ni dos minutos, tanto a la ida como a la vuelta. Y la parada está justo al lado del templo. Solo hay que cruzar una autovía de seis carriles (sí, la parada está en medio de la carretera, es algo normal y se cruza sin ningún peligro) y ya se ve el templo a la derecha. Para volver lo mismo. Parada en la autopista, en el sentido contrario, dos minutos de espera y de vuelta a la ciudad. La entrada al templo es gratuita.

Una alternativa muy utilizada por los viajeros es parar un songtheo turístico, que se diferencian en que no llevan una ruta fija, sino que pueden hacer la función de taxi. El precio por llevarte y traerte al templo oscila entre los 150 y 300 baths (entre 3 y 6 euros), dependiendo de tu capacidad de regateo. Si son turísticos funcionan así, hay que pactar el precio antes de subir.

Y, por supuesto, en las pequeñas agencias de viaje que abundan en las calles de Chiang Rai, ofrecen excursiones en grupo para los que opten por algo organizado. Un autobús o furgoneta te lleva y te trae por unos 40 euros. Teniendo el cuenta que el viaje en songtheo dura unos 20 minutos, que cada uno escoja la opción que más se adapte a su manera de viajar.

El templo abre todos los días de 08’30 a 17h. Los precios y horarios indicados en este post son de noviembre de 2012.

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